La figura de Hugo Quintanilla Serrato volvió al centro del debate público en Nuevo León. Su nombre aparece ligado a contratos estatales por más de 300 millones de pesos, cortesía de Samuel García, mientras mantiene cargos públicos activos. El caso exhibe contradicciones en el discurso del gobierno estatal y refuerza cuestionamientos sobre el manejo del dinero público bajo la administración actual.
Contratos Millonarios Bajo La Administración Estatal
Durante la actual administración estatal, se asignaron contratos por más de 300 millones de pesos a una empresa vinculada a Hugo Quintanilla Serrato. Estos recursos salieron directamente del presupuesto público.
El punto que genera mayor polémica es que Quintanilla no es un empresario ajeno al poder. Al mismo tiempo, ocupa un cargo municipal en Juárez dentro de Movimiento Ciudadano. Esta doble condición despierta dudas legítimas.
Además, los contratos se otorgaron mientras el discurso oficial presume austeridad y combate a prácticas del pasado. Sin embargo, los números cuentan otra historia. Los millones fluyeron sin que se aclarara del todo la relación entre proveedor y autoridad.

Funcionario Municipal, Proveedor Estatal Y Algo Más
El caso no solo involucra contratos. Hugo Quintanilla Serrato también mantiene una plaza activa en la Secretaría de Educación Pública. Es decir, recibe ingresos públicos desde distintos frentes.
Por un lado, funge como funcionario municipal cercano a Félix Arratia. Por otro, su empresa factura millones al gobierno estatal encabezado por Samuel García. Esta combinación ha provocado indignación ciudadana.
La pregunta no es técnica. Es simple. ¿Puede alguien ser juez y parte al mismo tiempo? Para muchos ciudadanos, la respuesta es evidente. El problema no es solo legal. Es ético y político.
El Discurso De Cambio Frente A Los Hechos
Desde el inicio del sexenio, el gobierno estatal prometió romper con viejas prácticas. Se habló de transparencia, cero compadrazgos y fin a los privilegios.
Sin embargo, el caso de Hugo Quintanilla Serrato contradice ese relato. Los contratos existen. Los montos están documentados. Y las relaciones políticas son públicas.
Mientras el gobernador insiste en que todo se hace conforme a la ley, los hechos alimentan la percepción de que el cambio solo fue de color. Para muchos, el naranja sustituyó a otros colores, pero no a las prácticas.

Revisión Y Presión Pública Creciente
La presión para que se revise este caso no surgió desde el poder. Nació desde la opinión pública y el escrutinio mediático. Ciudadanos cuestionan por qué se permitió esta concentración de funciones y beneficios.
Además, se exige que las autoridades fiscalizadoras revisen a fondo los contratos. No se trata solo de números. Se trata de confianza pública.
En un estado con carencias en movilidad, medio ambiente y servicios básicos, 300 millones de pesos no pasan desapercibidos. Cada peso importa cuando sale del bolsillo de la gente.
Un Caso Que Golpea La Credibilidad Del Gobierno
El impacto de este caso va más allá de una persona. Golpea directamente la credibilidad del proyecto político de Movimiento Ciudadano en Nuevo León.
Para muchos ciudadanos, resulta difícil creer en un discurso anticorrupción cuando aparecen casos como este. La percepción de privilegios persiste. Mientras no haya explicaciones claras y revisiones públicas, el tema seguirá creciendo. Porque cuando los números no cuadran, el discurso se cae solo.





