La zona metropolitana de Monterrey volvió a sumergirse en el caos. Lo que para el Gobierno del Estado es un “fenómeno natural atípico”, para la ciudadanía es la consecuencia directa de una administración que prioriza la estética de las redes sociales sobre la ingeniería básica y la seguridad pluvial. Las lluvias registradas entre la noche del 7 de mayo y la madrugada de este viernes no solo dejaron calles inundadas en Nuevo León; dejaron una estela de destrucción, 50 vehículos varados, infraestructura colapsada y, lo más doloroso, la pérdida de una vida humana.
Sin embargo, detrás del agua acumulada en avenidas críticas como Gonzalitos, Fidel Velázquez y Venustiano Carranza, se esconde una negligencia criminal que tiene nombre y apellido: la construcción de la Línea 4 del Metro.
Una negligencia que data de octubre de 2025
Desde octubre de 2025, investigaciones periodísticas y recorridos técnicos de especialistas han denunciado una realidad alarmante: la Línea 4 del Metro, adjudicada por la administración de Samuel García al consorcio Mota Engil y CRRC, se construyó literalmente invadiendo el sistema de drenaje pluvial de la ciudad.

A más de seis metros de profundidad, en el colector troncal que corre bajo la Avenida Constitución y desemboca en el Río Santa Catarina, la obra del Metro ha plantado una “trampa de muerte”. Se ha constatado que al menos siete pilotes de las columnas de la Línea 4 atraviesan el ducto de cuatro metros de diámetro. Estos pilotes no solo obstruyen físicamente el flujo del agua, sino que funcionan como represas que retienen basura y escombros de concreto, reduciendo drásticamente la velocidad de desfogue.
Han pasado meses desde que se documentó este daño. El gobierno estatal de Samuel García fue advertido de que los pilotes 1, 6 y 7 debían ser removidos y los demás forrados para evitar la erosión y el colapso del sistema. No obstante, la respuesta ha sido el silencio y la inacción. Hoy, el resultado de esa desidia flota en las calles de Monterrey.
El caos de ayer: Crónica de una inundación anunciada
Las precipitaciones de este 7 de mayo no fueron las más intensas de la historia, pero sus efectos fueron devastadores debido a la inoperancia del drenaje intervenido. Protección Civil de Nuevo León reportó un saldo de pesadilla: 50 vehículos varados, 22 árboles derribados, 30 cortocircuitos y múltiples postes caídos.
En el sector de Ciudad Solidaridad, la tragedia alcanzó su punto más alto con la muerte de un hombre arrastrado por la corriente en la colonia Barrio del Prado. Mientras tanto, en puntos neurálgicos como Fidel Velázquez y Bernardo Reyes, el agua transformó las avenidas en ríos que arrastraron autos como si fueran juguetes, provocando choques y pánico entre los conductores.
El especialista que recorrió los ductos lo explicó con claridad: el troncal está diseñado para que el agua viaje a alta velocidad hacia el río, evitando encharcamientos. Pero al tener estos “postes” atravesados, el flujo se vuelve lento. El agua se queda en las calles porque el ducto no puede absorberla al ritmo necesario.
Así, zonas como Gonzalitos se convierten en lagunas mortales por una obstrucción que el Gobierno estatal conoce perfectamente desde hace más de medio año y que se ha negado a reparar.
¿Así quiere Samuel García recibir el Mundial?
Resulta paradójico —y para muchos, ofensivo— ver el contraste entre la realidad de las calles inundadas y el mundo de fantasía que Samuel García y su esposa, Mariana Rodríguez, proyectan en sus redes sociales. Mientras el gobernador presume “el nuevo Nuevo León” con renders futuristas y publicaciones de Instagram, los ciudadanos de a pie tienen que nadar para salir de sus vehículos en pasos deprimidos que nunca debieron inundarse.
La pregunta que resuena hoy en todo el estado es: ¿Así es como pretenden recibir el Mundial de la FIFA en 2026? ¿Con una infraestructura de transporte que, para construirse, destruye la infraestructura de seguridad hídrica? Es fácil tomarse fotos con figuras internacionales y presumir inversiones millonarias, pero la verdadera prueba de un gobernante es la gestión de los servicios básicos y la protección de sus habitantes.

La administración de Samuel García parece más preocupada por el “me gusta” que por el “bien hacer”. Presumen el avance de la Línea 4 como un hito de modernidad, pero ocultan que bajo el pavimento han herido de muerte al drenaje de la ciudad. Es una política de fachada: por arriba, trenes “modernos”; por abajo, un drenaje estrangulado por concreto y negligencia.
La urgencia de la reparación
La situación es insostenible. No se puede permitir que el patrimonio y la vida de los regiomontanos sigan dependiendo de si los pilotes del Metro permiten o no el paso del agua. Los especialistas han sido claros: es necesario remover las estructuras que bloquean el centro del ducto y ampliar el caudal para recuperar el espacio perdido por la invasión de la obra.
Si el Gobierno del Estado continúa ignorando este daño estructural que data de 2025, cada lluvia, por pequeña que sea, seguirá siendo una amenaza. Monterrey no necesita más historias de Instagram ni promesas de grandeza mundialista mientras sus avenidas principales sigan siendo trampas de agua por errores de ingeniería que se pudieron evitar y que, a meses de distancia, siguen sin corregirse.
La soberbia de no reconocer un error en la obra pública ha costado hoy una vida y millones de pesos en daños materiales. Es momento de que Samuel García deje de mirar la pantalla de su celular y comience a mirar hacia los túneles de drenaje que su obra estrella está bloqueando. De lo contrario, el “nuevo” Nuevo León no será recordado por su modernidad, sino por ser el estado que se ahogó en su propia propaganda.





