En el manual de estilo del gobierno de Samuel García, la estética parece ser el único pilar inamovible. Sin embargo, detrás de las tomas aéreas con drones, los filtros de redes sociales y los discursos de “prosperidad”, la realidad operativa de Nuevo León está chocando de frente con una gestión logística que raya en lo humillante para la ciudadanía. Lo que debería haber sido un festejo para honrar el Día de las Madres se transformó este lunes en una escena de caos, desesperación y promesas incumplidas, repitiendo el mismo patrón de desorganización que ya había empañado las celebraciones del Día del Niño apenas unas semanas atrás.
La administración actual parece incapaz de organizar un evento masivo sin que este termine en filas interminables, forcejeos con la seguridad y una profunda sensación de engaño entre las familias. No se trata solo de un error de cálculo; es un síntoma de una política que prioriza el impacto mediático del momento por encima del respeto a la dignidad de quienes, irónicamente, son los beneficiarios de sus programas.
De la ilusión al portazo: El caos en Cintermex y la Arena Monterrey
El pasado fin de semana, el festejo por el Día de las Madres en Cintermex y la Arena Monterrey fue vendido como un evento de gala, con promesas de almuerzos, espectáculos y rifas de vehículos. Cientos de mujeres, muchas de ellas habitantes de municipios periféricos como El Carmen, Juárez y Guadalupe, invirtieron tiempo y dinero para asistir. Algunas gastaron hasta 300 o 400 pesos en servicios de plataforma para llegar a tiempo, siguiendo las instrucciones de colaboradoras de Movimiento Ciudadano que les aseguraron que “el evento estaría muy bueno”.
La realidad fue un “portazo” literal. A pesar de contar con brazaletes de acceso entregados previamente por la Secretaría de Igualdad e Inclusión, cientos de madres se quedaron afuera. La capacidad de los recintos fue rebasada por una convocatoria que el Estado no supo —o no quiso— controlar. El resultado fue desgarrador: mujeres de la tercera edad bajo el sol, forcejeos con guardias privados y, lo más grave, al menos cuatro madres sofocadas o con malestares físicos debido a los tumultos.

“Me siento maltratada y humillada”, compartió una de las asistentes. Esta frase resume el sentimiento de una población que percibe que su presencia solo es útil para llenar el encuadre de una cámara, pero que estorba una vez que el gobernador ha terminado su discurso.
La “Tarjeta Naranja”: Otra promesa falsa de Samuel García
El descontento no terminó con el evento fallido. Durante el festejo en la Arena Monterrey, el Gobernador Samuel García lanzó una de esas promesas que incendian las expectativas: la entrega de una “tarjeta naranja” con un apoyo supuestamente mensual. Según testimonios y videos que circulan en redes, el mandatario aseguró que este lunes 11, con solo presentar su credencial de elector en el Pabellón Ciudadano, las mujeres recibirían el plástico.
Como era de esperarse, la Torre Administrativa amaneció sitiada por cientos de mujeres que llegaron desde las 4:00 horas, confiando en la palabra de su gobernante. Sin embargo, el lunes no hubo tarjetas, solo incertidumbre. La falta de claridad sobre si el apoyo era universal o sujeto a los programas ya existentes de la Secretaría de Igualdad generó una protesta en el exterior del Pabellón. La desconexión entre lo que el Gobernador dice en un micrófono y lo que sus burócratas pueden ejecutar en ventanilla es un abismo que hoy las madres de familia están pagando con horas de espera inútil.
El antecedente: Un Día del Niño marcado por el llanto
Este desorden no es una anomalía, es una tendencia. Apenas a mediados de abril, el Gobierno de Nuevo León enfrentó duras críticas por la distribución de boletos para el festival del Día del Niño. En aquella ocasión, la queja fue la misma: una logística diseñada para el espectáculo y no para la gente.
Madres de familia denunciaron que, tras horas de fila en el Palacio de Gobierno, solo se les permitía recoger dos boletos. La lógica oficial chocó con la realidad de las familias regias: “¿A quién se le ocurre que las familias en Monterrey tienen un solo hijo?”, reclamaba una madre ante la imposibilidad de llevar a todos sus hijos al evento.
Mientras el aparato estatal presumía en redes que la entrega era un “éxito”, la realidad a pie de calle eran niñas llorando y madres frustradas porque el personal del DIF se retiró antes de tiempo, dejando a cientos sin acceso. El uso de la gente como “extras” de producción fue denunciado con lucidez por una ciudadana de Apodaca: “Hacen las filas para que el dron grabe y digan ‘mira toda la gente que vino’… la gente no somos borreguitos”.
La brecha entre el marketing y la gestión
El problema de fondo es la soberbia logística. Existe una obsesión por generar imágenes de multitudes agradecidas para alimentar la narrativa del “Nuevo Nuevo León”. Sin embargo, el Estado ha fallado sistemáticamente en los aspectos más básicos de la administración pública:
- Capacidad de Aforo vs. Convocatoria: Es irresponsable entregar más brazaletes o invitaciones de los que el recinto permite, provocando riesgos de seguridad física.
- Comunicación Deficiente: No se puede anunciar la entrega de apoyos económicos de forma tan ambigua, provocando que miles de personas se aglomeren en oficinas administrativas sin una estructura de atención preparada.
- Falta de Empatía Operativa: Ignorar que muchas de estas mujeres provienen de los sectores más vulnerables y que el gasto de transporte representa un sacrificio económico real es una falta de sensibilidad alarmante.

¿Quién rinde cuentas?
Las miradas apuntan a Félix Arratia, titular de Igualdad e Inclusión, y a la directiva del DIF estatal. Pero la responsabilidad última recae en el propio Samuel García. Sus promesas directas frente al micrófono son las que movilizan a la gente, y es su administración la que está fallando en cumplir la logística que sus palabras demandan.
Resulta irónico que un gobierno que presume de ser digital, moderno y eficiente, siga recurriendo a prácticas de “acarreo” mal gestionado que terminan en maltrato ciudadano. Si la intención es realmente apoyar a las madres y a los niños, el primer paso debería ser respetar su tiempo, su integridad física y su dignidad.
Nuevo León no necesita más fotos de drones sobre multitudes agobiadas; necesita eventos planeados con seriedad y apoyos entregados con orden. El “éxito” de una administración no se mide por cuánta gente hace fila, sino por cuánta gente sale satisfecha. Por ahora, el saldo del Gobierno del Estado en materia de celebraciones es una bochornosa colección de promesas rotas y familias molestas que ya no se creen el cuento de que “lo nuevo” es mejor.





